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Cuando hablamos de pupilas blancas, también conocidas como leucocoria, no nos referimos a que alguien tenga los ojos blancos como tal. En realidad, se trata de un reflejo blanquecino que aparece en la pupila al exponer el ojo a una fuente de luz, como ocurre en una fotografía con flash o durante una revisión oftalmológica. Aunque puede parecer algo sin importancia, este signo puede estar relacionado con problemas oculares que requieren atención médica, especialmente en niños.

En este artículo te explicamos cómo identificar este reflejo anormal, cuáles son sus causas más comunes y qué opciones de tratamiento existen.

¿Qué son las pupilas blancas o leucocoria?

La leucocoria, también conocida como pupila blanca, no es una enfermedad en sí misma, sino un signo clínico que puede alertar sobre la presencia de un problema ocular. Se produce cuando la pupila refleja una luz blanca en lugar del típico reflejo rojo que aparece en condiciones normales al iluminar el ojo.

Cómo son las pupilas blancas

La leucocoria puede indicar la existencia de alteraciones en estructuras internas del ojo, como la retina, el cristalino o el vítreo, por lo que siempre requiere una evaluación médica para determinar su causa y, si es necesario, iniciar tratamiento cuanto antes.

Cómo identificar las pupilas blancas

La pupila blanca no suele ser visible a simple vista en el día a día. En la mayoría de los casos, se detecta de forma accidental, por ejemplo, al tomar una fotografía con flash, donde una o ambas pupilas se ven blancas o blanquecinas en lugar de rojas. Esto puede ser una señal de alerta que justifique una visita al oftalmólogo.

Además de en las fotos, los profesionales pueden identificar la leucocoria durante una revisión oftalmológica utilizando instrumentos específicos como:

  • El retinoscopio, que permite observar el reflejo de Bruckner en la retina.
  • El oftalmoscopio, que ofrece una visión clara del fondo del ojo y ayuda a detectar anomalías.

Causas más comunes de la leucocoria

La leucocoria puede estar asociada a varias enfermedades oculares, algunas de ellas muy graves si no se diagnostican a tiempo. A continuación, repasamos las causas más frecuentes de este síntoma.

1. Cataratas congénitas o adquiridas

Las cataratas son una opacidad del cristalino, la lente natural del ojo encargada de enfocar la luz sobre la retina. Cuando esta estructura pierde su transparencia, la visión se vuelve borrosa o nublada, y pueden aparecer dificultades visuales importantes.

Existen dos tipos principales:

  • Cataratas congénitas: están presentes desde el nacimiento o aparecen en los primeros meses de vida.
  • Cataratas adquiridas: se desarrollan más adelante, ya sea por traumatismos o como consecuencia de otras enfermedades oculares.

En ambos casos, las cataratas pueden provocar leucocoria, ya que impiden que la luz llegue adecuadamente a la retina y alteran el reflejo que normalmente se ve en la pupila. Si no se tratan a tiempo, especialmente en la infancia, pueden afectar al desarrollo visual y derivar en ambliopía (también conocida como ojo vago).

2. Retinoblastoma

El retinoblastoma es una de las causas más graves de leucocoria.

Se trata de un tumor ocular maligno que se origina en la retina, la capa del ojo encargada de captar la luz y enviar las imágenes al cerebro. Esta enfermedad aparece casi exclusivamente en la infancia temprana y está relacionada con una mutación genética, que puede ser heredada o surgir de forma espontánea.

El retinoblastoma se manifiesta con leucocoria en aproximadamente el 60 % de los casos. Además de afectar la visión, este tipo de cáncer puede poner en riesgo la vida del paciente si no se detecta y trata a tiempo, por lo que constituye una urgencia oftalmológica.

3. Infecciones oculares graves

Ciertas infecciones oculares pueden provocar inflamación o daños en el interior del ojo que alteran el reflejo normal de la pupila y dan lugar a leucocoria.

Entre las más frecuentes asociadas a este síntoma se encuentran:

  • Uveítis: es una inflamación que puede afectar distintas partes del ojo, como el iris, el cuerpo ciliar o la coroides. Dependiendo de su intensidad y localización, puede alterar la visión y provocar leucocoria. En niños, aunque es menos frecuente, puede tener consecuencias especialmente graves si no se diagnostica y trata a tiempo.
  • Toxocariasis y toxoplasmosis: son infecciones parasitarias transmitidas por animales que, además de afectar a otros órganos, pueden dañar estructuras del ojo. Suelen causar lesiones inflamatorias que se manifiestan como leucocoria y pueden derivar en uveítis o coriorretinitis.
  • Endoftalmitis endógena: esta infección intraocular poco común llega al ojo a través del torrente sanguíneo desde otra parte del cuerpo. Su evolución puede ser rápida y grave, con riesgo de provocar complicaciones irreversibles si no se detecta a tiempo.

4. Desprendimiento de retina

El desprendimiento de retina ocurre cuando esta capa delgada de tejido se separa de su posición habitual en el fondo del ojo. Esta separación impide que la retina reciba oxígeno y nutrientes, lo que puede causar pérdida de visión si no se trata rápidamente.

La leucocoria suele aparecer cuando el desprendimiento es total, ya que la retina, al estar desprendida, deja de reflejar el típico color rojo-anaranjado que se observa en un ojo sano. En lugar de ello, la pupila puede mostrar un reflejo blanco anormal que actúa como señal de alerta.

Esta situación puede presentarse en el contexto de otras enfermedades, como la retinopatía del prematuro o la enfermedad de Coats, y requiere una valoración oftalmológica urgente para evitar complicaciones permanentes.

¿Cuándo acudir al oftalmólogo?

La aparición de una pupila blanca siempre debe tomarse en serio. La leucocoria puede ser un signo temprano de enfermedades oculares que requieren atención médica urgente, especialmente en el caso de los niños.

Se recomienda acudir al oftalmólogo de forma inmediata si:

  • Observas un reflejo blanco en una o ambas pupilas, ya sea en fotos o al mirar directamente al ojo.
  • El niño presenta otros signos visuales anormales, como desviación de los ojos, pérdida de visión o movimientos oculares inusuales.
  • Hay antecedentes familiares de enfermedades oculares graves o hereditarias.

Un diagnóstico precoz puede marcar la diferencia entre mantener la visión o sufrir complicaciones graves. Por eso, ante cualquier duda, lo mejor es consultar con un especialista cuanto antes.

Tratamientos para las pupilas blancas

El tratamiento de la leucocoria dependerá siempre de la causa específica que la esté provocando. Como la pupila blanca no es una enfermedad en sí, sino un síntoma, el objetivo será abordar el problema ocular de origen lo antes posible para evitar daños permanentes en la visión.

Algunas de las opciones más comunes incluyen:

  • En casos de enfermedades tumorales, como el retinoblastoma, los tratamientos pueden incluir quimioterapia, cirugía, fotocoagulación o crioterapia, según el grado de avance y la localización del tumor.
  • Si la leucocoria está provocada por traumatismos o lesiones intraoculares, el abordaje más habitual es la cirugía intraocular para reparar los daños y restablecer la anatomía del ojo.
  • Cuando el origen es una infección ocular, el tratamiento puede requerir el uso de antibióticos, antiparasitarios o antiinflamatorios, además de un seguimiento oftalmológico estrecho.

En todos los casos, la detección precoz es clave para aumentar las posibilidades de éxito y preservar la salud visual del paciente.

Si has identificado una pupila blanca, o sospechas que puedes padecer alguna de las enfermedades oculares mencionadas, no dudes en ponerte en contacto con nuestro equipo para analizar tu caso.

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